Probablemente la palabra que mejor resume la etapa de la adolescencia es cambio. Así es, porque el que antes era un niño, pasó a ser un adolescente lleno de dudas, cuestionamientos y búsquedas que lo hacen cambiar de ánimo y muchas veces de comportamiento frente a sus pares, adultos y familia.
Según la psiquiatra del Centro de Salud Mental Golden Cross, Lilian Gómez, la adolescencia por definición es una etapa de cambios profundos, desde lo biológico a lo psicológico, en la cual el niño nunca vuelve a ser el de antes.
“El cambio en la adolescencia, tanto en lo conductual como en lo emocional, es un proceso que dura años y que sin duda tiene algunas etapas críticas en cuanto a trastornos en el humor, el ánimo, la motivación, la energía o por ejemplo la disposición a querer salir con los papás”, cuenta la especialista, recalcando que en esta etapa lo normal es que el niño pase por estados de ánimo momentáneos, lo anormal sería que siguiera exactamente igual y no experimente cambios.
¿Cómo prepararse para enfrentar la adolescencia?
Desde el punto de vista psicológico, la doctora Gómez explica que el cambio más importante que se produce en esta etapa es la adquisición de la identidad, “el niño empieza a cuestionarse ‘quién soy’, ‘cómo soy’, lo que hace que se sientan inseguros de sí mismo, desde lo corporal hasta lo cognitivo e intelectual. Dentro de esta adquisición de identidad, necesariamente tiene que darse una etapa en que las relaciones padre/madre-hijo van a ser conflictivas”.
Las relaciones con los padres suelen verse afectadas ya que el hijo adolescente vive todas las emociones en forma más intensa y poco regulada, por lo que la especialista recomienda a los padres estar conscientes de que el hijo sí o sí va a cambiar, que es algo normal y que estos cambios son pasajeros. El problema es cuando se quedan en un estado de ánimo persistentemente irritable o angustiado por más de 2 a 3 semanas.
La Dra. Lilian Gómez cuenta que lo más importante es la relación previa que los padres tienen con sus hijos. “Si la relación ha sido sana, primando el cariño y el respeto, los episodios de cambios de humor, típicos de esta etapa, debieran ser de una intensidad moderada. Siempre les digo a los papás que es bueno llegar a la adolescencia con una cuenta de ahorro en el banco de las relaciones, porque eso va a ayudar a que los niños se alejen de las conductas de riesgo o de identificación con grupos que van por una línea distinta a lo que uno quiere”.
Los trastornos más comunes
Las consultas en esta etapa son principalmente por problemas de conductas, emocionales, de interacción con otros y cognitivos.
Dentro de lo conductual, según la psiquiatra del Centro de Salud Mental Golden Cross, llegan adolescentes que se autoagreden, por ejemplo a través de cortes y que habitualmente lo hacen en momentos de alta intensidad emocional y que después de la lesión sienten alivio. Dentro de la autoagresión también está la conducta suicida, según la especialista, los pensamientos suicidas son bastante frecuentes a esta edad.
Otro problema son las conductas de riesgo que empiezan alrededor de los 13 años, como el abuso del alcohol o drogas.
También están las conductas desafiantes, aquellos que son contestatarios con los adultos, las conductas antisociales, como las mentiras y los robos y las conductas extrañas o atípicas, que son menos frecuentes, que es todo lo que tiene ver con el mundo de las percepciones, las personalidades psicóticas, esquizoides, etc.
Por último, dentro de lo conductual, están las conductas reactivas, que son producidas por cambios, por ejemplo de colegio, de ciudad, y que se manifiestan a través del aislamiento, el empeoramiento de la conducta o bajan el rendimiento escolar.
En el ámbito emocional, están todos los trastornos del humor, desde una depresión hasta una bipolaridad. “Si los padres notan que el adolescente está más irritable de lo habitual, duerme mal, está con menos apetito, sin energía, no disfruta con lo que supuestamente le gusta y lleva así tres semanas, hay que consultar a un especialista”.
Otro trastorno emocional típico de esta edad es la llamada ansiedad social, son jóvenes muy tímidos y por lo general fóbicos, que se aíslan y retraen, pasándolo muy mal.
En relación a lo interaccional, puede haber problemas en todos los ámbitos, ya sea en el colegio, con los pares, a través de un aislamiento social, con los adultos, a través de conductas oposicionistas, con la familia, a través de la dificultad para acatar normas o en el ciberespacio.
Entre las causas relacionadas con las dificultades cognitivas, llegan a consultar porque tienen problemas de rendimiento académico o mucha interferencia emocional en las pruebas como el bloqueo o la ansiedad excesiva y las dificultades de concentración.
La especialista recalca que en todos estos trastornos es muy importante una buena relación previa entre padres e hijos, un vínculo en el cual el niño confíe y a la vez se sienta protegido y contenido.
“Lo fundamental para cultivar esta relación desde pequeños es que el adulto se dé el tiempo de compartir, jugar, pasar tiempo juntos a través de distintas actividades y que el niño entienda que esta persona cariñosa y cercana también es la que norma e impone las reglas en la casa”, concluye la Dra. Gómez.