“Fue una comisión de pares exigente”, declara la directora de Escuela y decana de Arquitectura. Por lo mismo está tranquila con el resultado del proceso de acreditación, que terminó con tres años de acreditación: “Tres años nos da tiempo para cumplir, no solamente con el check list sino, claramente, para seguir avanzando”.
¿Cuál es el sello del arquitecto de UDLA, que reconoció la agencia acreditadora?
Nosotros formamos un profesional dispuesto a incorporarse en el sector público. De los arquitectos del mundo, el 10 % trabaja en arquitectura pura, el 1% se desempeña en arquitectura por encargo. La idea de formar un arquitecto para trabajar en arquitectura por encargo es bastante común en todas las escuelas de Arquitectura. Sin embargo, el trabajo que realiza el arquitecto hoy en día, escon problemas ciudadanos de otra complejidad, y por lo tanto, bien distinto. Entonces, preparar y legitimar una formación de la profesión, que no sea puramente orientada al encargo no es fácil; como por ejemplo, ir a trabajar a una municipalidad. Formar la mejor gente, que pueda trabajar en una municipalidad, hace todo el sentido.
¿Cómo calificaría el proceso?
El proceso fue exigente con toda la escuela, por eso se produjo un compromiso de los profesores, de los alumnos, de todos, y eso fue fundamental: el compromiso de toda la comunidad con el proceso de acreditación.
¿En qué se plasmó ese compromiso?
En la respuesta de los alumnos, de los ex alumnos, en lo comprometido de todos los profesores. De verdad, fue un proceso muy participativo; no fue una labor a puerta cerrada y que luego se expuso, sino en la que todos participaron y la defendieron. Los pares evaluadores estuvieron aquí cinco días, visitaron todas las sedes. Tuvimos que hacer una muestra del trabajo de nuestros alumnos y los profesores tuvieron que defender esos trabajos. O sea, fue un proceso, de verdad, muy profundo.
¿Cuáles fueron los principales desafíos?
El mayor desafío fue comprobar que, independiente de la distancia geográfica, esta es una sola carrera. Probar que es transversal en las 3 sedes, porque la arquitectura tiene una cosa particular, que es su condición geográfica. Demostramos que tenemos un sello y una manera, y que eso se replica en todas partes, con sus distinciones geográficas. Claramente un arquitecto que experimenta en Valparaíso es muy distinto a otro que trabaja en una ciudad como Santiago, donde la lógica es la cuadrícula; mientras que en Valparaíso el ángulo recto no existe. El territorio es muy distinto, pero independiente de eso puedes llegar a decir que el arquitecto UDLA es uno solo. Trabajamos tres años para que así fuera.
Fue un largo proceso…
El último cambio de la malla fue en 2011, pero se adecuaron, homogeneizaron procesos. Por ejemplo, hay una Comisión Nacional de Títulos. Entonces, esta comisión se mueve entre las distintas sedes (Santiago, Viña del Mar y Concepción) y la misma evalúa a todos los alumnos que se presentan a título.
Este proceso nos hizo una escuela muy afiatada.
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