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Adolescentes del siglo XXI

 

 

Los adolescentes del siglo XXI viven en un mundo distinto del que vivíamos nosotros, les invitamos a conocerlos y a entenderlos para lograr una mejor calidad de vida.

 

Los jóvenes entre 12 y 22 años son también llamados “Millennials”: viven conectados a la web, hacen mil cosas al mismo tiempo, se comportan como consumidores exigentes y eligen estudiar sólo lo que les gusta. Así son los hijos del nuevo milenio, la generación del futuro.

 

La adolescencia de este nuevo siglo es producto de los cambios sociales de los siglos anteriores, y que siguen ocurriendo en la actualidad, sin embargo, no se ha perdido la necesidad de figuras que ocupen el papel de adulto. Es diferente de la visión del adulto que antes creía saberlo todo y no permitía la crítica, ahora se busca un adulto que acompañe, que ponga límites, que contenga la angustia. Tampoco se ha perdido la dificultad para enfrentar los grandes cambios de la etapa de adolescencia, a veces se sortea esa dificultad quedándose en este estado para siempre, como ocurre con algunos y algunas. Bajo el barniz de “juventud dorada” los adolescentes viven angustias y tristezas que a menudo no tienen quien las reconozcan como tales. Ni siquiera la exigencia desapareció en esta era de la satisfacción o gratificación inmediata, cambió de lugar. Si antes había que ser trabajador-trabajadora en la escuela o en la casa, honesto-honesta y formal; hoy hay que ser hermoso–hermosa, divertido–divertida, capaz de conseguir el aspecto que abre la puerta de los lugares deseados a través de la fama o popularidad. Todas estas nuevas exigencias pueden tener consecuencias negativas, aunque las primeras mencionadas (trabajador, honesto, formal) sean mucho más justificadas socialmente.

 

La convivencia actual de jóvenes (adolescentes) y los adultos que quieren ocupar un lugar de tales, supone un doble juego: que los y las adultos/as nos acerquemos a conocer el clima que los y las rodean, y que no renunciemos a transmitir nuestros intereses y nuestra experiencia. Que desarrollemos un ambiente de comunicación en el cual compartir y encontrarnos, que sea lo suficientemente flexible para que permita la novedad pero no se diluya en la nada, tampoco en la confusión.

 

Aunque los resabios del viejo modelo autoritario y distante, están aún muy frescos en el corazón de los adultos, la flexibilidad de los roles familiares ha generado grandes cambios en la crianza, buscando la cercanía y la demostración afectiva como forma principal de relación con los hijos.

 

Este nuevo modelo paterno, que implica un gran avance en la cultura porque ha dejado atrás el miedo y la distancia de épocas anteriores, ha traído, sin embargo grandes dificultades a la hora de instalar límites y diferencias. Los adolescentes demandan gratificaciones y satisfacciones inmediatas, antes estábamos acostumbrados a esperar, incluso “eternamente” por obtener algo deseado.

 

Antiguamente, la autoridad inapelable del patriarcado estaba acompañada por un mundo jerárquico y predecible. En la actualidad, los adultos estamos marcados por la incertidumbre, el miedo, la inseguridad, la desocupación, la falta de garantías y de certezas, por lo cual no es tan fácil saber qué hacer. Esto tiene sus consecuencias, en especial, frente al establecimiento de límites, y los adolescentes para protegerse de esta visión de los adultos de un mundo peligroso, recurren a la distancia y a la desconexión emocional de sus padres, e incluso al maltrato como forma de defensa.

 

El problema es que esta distancia emocional o pérdida del contacto afectivo y comunicativo con los padres se extiende luego al resto del mundo externo, aislándolos de la realidad, dificultando sus procesos de aprendizaje, empobreciendo sus intereses vitales y vocacionales y también, por supuesto, desconectándolos de sí mismos.

 

La autoridad de los padres es mucho más difícil de sostener en un mundo sin certezas, sin modelos ni apoyos en el afuera, aprendiendo a confiar en los propios valores internos y en la propia percepción.

 

Hoy, la autoridad dentro de la familia es una responsabilidad de la pareja de padres, y también de los otros adultos que conviven con los jóvenes a partir de uniones y separaciones, de familias ensambladas, que tienen que lograr consensos acerca de límites que ya no se establecen por decreto.

 

Complejo panorama el que enfrentan los adolescentes en este tan esperado, y tan complicado siglo XXI. Por eso la tarea que les toca a los adultos es ir preparando a los jóvenes de a poco para enfrentar una realidad que tiene de todo, bueno y malo, en vez de criarlos en burbujas y luego enfrentarlos a situaciones sin preparación, o transmitiéndoles nuestros miedos.

 

Para lograr esta tarea, los adultos debemos hacernos cargo de nosotros mismos para que los adolescentes puedan enfrentar sus propias crisis sin mayores sobrecargas, y también estar cerca y disponibles para cuando nos necesiten, sin que eso signifique invadirlos en su privacidad.

 

La tarea no es fácil pero sí indispensable para todo adulto que conviva con adolescentes o trabaje con ellos y ellas.