Como todos los años, la llegada del horario de invierno implica dormir “una hora más”, lo que parece beneficioso. Sin embargo, también puede haber personas que resientan estas modificaciones. ¿Cómo adaptarse de la mejor forma posible?
En Chile se acostumbra cambiar el horario ya sea adelantando o atrasando la hora con el objetivo de ahorrar energía o bien para modificar el horario por la entrada de un nuevo período estacional.
El sábado 27 de abril los chilenos deberemos atrasar el reloj una hora, dando comienzo al horario de invierno. Desde ese minuto y hasta el cambio de horario de verano, los días serán más cortos y las mañanas más iluminadas. Y aunque la idea de dormir una hora más el domingo parezca beneficiosa, surge la pregunta de si este cambio puede generar un impacto negativo en el organismo.
Por esto, nuestro cuerpo tiene que ajustarse a las alteraciones biológicas que produce un cambio de horario. No son significativas y no producen enfermedades, sin embargo podrían afectar a tu cuerpo al producir alteraciones del sueño, irritación y trastornos en el estado de ánimo.
Estas alteraciones dependen de los órganos y sistemas que estén más activos en el proceso de adaptación:
En el sistema nervioso central puede presentarse somnolencia, irritabilidad, dificultades en la atención, la concentración y la memoria.
Malestar general.
Fatiga, baja en el rendimiento o menor productividad.
Cambios en el estado de ánimo, depresión.
Trastornos digestivos y del apetito.
Los especialistas explican que el efecto del cambio de hora de verano a invierno no es significativo para el común de las personas. Adaptarse a un cambio de este tipo puede provocar síntomas como somnolencia o un más cansancio, asimismo mayor predisposición a cometer errores, pero se mantendrán por períodos breves, volviendo a la normalidad en un lapso aproximado de 3 días.
Esto, a diferencia del cambio de hora en el verano, cuando el reloj se adelanta 60 minutos, es la modificación más complicada, ya que las personas con dificultades para dormir, como en la conciliación del sueño, van a tener una reducción mayor de su tiempo destinado al descanso.
Algunos consejos para prevenir cualquier tipo de alteración:
No olvidar mantener horarios fijos para acostarse y levantarse de acuerdo a las necesidades de sueño de cada persona.
Aunque parezca que con el horario de invierno se dispone de una hora más, eso no significa que restemos tiempo al descanso en pos de otras actividades.
Evitar pasar tiempo en la cama y en el dormitorio en otro horario que no sea el destinado al sueño.
Es importante adecuar las comidas al nuevo horario, de manera de cenar un par de horas antes de irse a dormir. Eso facilitará el quedarse dormido sin sentir pesadez o molestia.
En el caso de los niños, es fundamental realizar un reordenamiento de sus horarios. Para ellos puede resultar más difícil comprender este cambio, dado que no se rigen por relojes, sino por la presencia de luz solar. Los niños suelen adaptarse con mayor facilidad al cambio de horario aunque pueden manifestar mayor irritabilidad y presentar más somnolencia los primeros días.