El premio Oscar fue creado hace más de 80 años por Cedric Gibbons, director artístico de Metro Goldwyn Mayer, y aunque ha sufrido varios cambios a través del tiempo, ha mantenido el mismo diseño que George Stanle, escultor estadounidense nacido en Louisiana, esculpió en los años 40.
Entre 1942 y 1944, y en plena Segunda Guerra Mundial, los Oscar se fabricaron sólo de yeso, aunque una vez terminada la crisis se reemplazaron por las clásicas estatuillas, fabricadas de bronce macizo y bañadas en oro.
La figura, de 34 centímetros de altura y 3,85 kilogramos de peso, representa a un caballero armado con una espada que aguarda de pie sobre un rollo de película con cinco radios; cada uno simboliza una de las cinco ramas originales de la Academia: actores, guionistas, directores, productores y técnicos.
La historia cuenta que su nombre se debe a Margaret Herrick, bibliotecaria de la Academia y luego directora ejecutiva, quien bautizó a la figura como Oscar, ya que le recordaba a un tío con ese nombre; desde entonces, la Academia nombró al galardón de esa manera.
Cada año se fabrican entre 50 y 60 estatuillas, y se estima que para cada uno de ellos se necesitan 12 personas, las que tardan unas 20 horas en terminarlas; las que no cumplen todos los controles de calidad, son destruidas y fundidas nuevamente.
Cabe destacar, que en un comienzo las estatuillas no llevaban número de serie en la base, hasta 1949 cuando el premio más importante del cine mundial comenzó a ser identificado con el número 501 como punto de partida. Hoy, nuestros dos docentes, quienes ganaron el Oscar al Mejor Cortometraje Animado, recibieron las estatuillas 4021 y 4058.