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Carmen Gloria Alfaro, directora Escuela de Pedagogía en Inglés: «Es un excelente logro»

Esta es la tercera vez que la carrera de Pedagogía en Inglés, de la Facultad de Educación, se certifica, lo que para su directora es una gran satisfacción, especialmente por el contexto nacional en que se logra este resultado. En sus propias palabras: “las distintas indicaciones, tanto del Ministerio de Educación como de la CNA, representan mayores niveles de exigencia y de rigurosidad en el proceso formativo y de evaluación en el caso de las pedagogías”.

¿Cuáles fueron los principales desafíos para lograr la acreditación?  

Existieron tres escenarios que significaron mayores desafíos para este proceso: en primer lugar, el hecho de contar con estándares orientadores para la formación de profesores de Inglés, lo que nos puso en la posición de evaluar, y de cierta manera, dar cuenta de nuestro Plan de Estudios, respecto de éstos. Asimismo, el surgimiento de los nuevos criterios de evaluación para programas de pregrado (e instituciones de educación superior) diseñados por la CNA, y prontamente a entrar en vigencia, nos obligó a analizar de qué forma estábamos progresando hacia ellos como escuela y como institución. Un tercer desafío ha sido la actual discusión de la Reforma Educacional y sus implicancias para las instituciones y escuelas que formamos profesores.

¿Cuándo comenzó el trabajo para presentarse a la acreditación y cuáles fueron los principales hitos?

Comenzamos en los primeros meses del período académico 2014, con la etapa de autoevaluación. Una de las primeras actividades fue la discusión y análisis, junto con estudiantes y docentes de la carrera, de nuestros programas de asignaturas, malla y los estándares del Ministerio de Educación para la formación de profesores de Inglés. El objetivo fue valorar en qué grado las asignaturas y sus contenidos estaban reflejando las orientaciones gubernamentales. Posterior a ello, vino una serie de encuentros con estudiantes y académicos de la carrera, cuyo fin fue la evaluación de los distintos ámbitos de formación. También examinamos los avances sobre la base del Plan de Mejora desarrollado para el Proceso de Acreditación anterior (2012) y el acuerdo de acreditación del mismo período. Fue fundamental revisar aquellas debilidades que, tanto la escuela como los pares evaluadores externos, detectaron y las acciones realizadas para superarlas o mejorarlas. También fue muy relevante conversar con nuestros titulados y con sus empleadores acerca de su visión de la formación entregada e integrarlas como insumo para producir mejoras. Luego, organizamos consultas formales con todos los actores que participan del proceso formativo: estudiantes, docentes, egresados y empleadores. Su opinión fue relevante para reflejar aquellas fortalezas y debilidades sobre las cuales la escuela y la carrera debían reflexionar. En 2015 se desarrolló otro importante hito: la profundización del Modelo Educativo de UDLA, que consideró una revisión y adecuación de los perfiles de egreso de todas las carreras que imparte. El Perfil de Egreso tuvo que ser validado y fue necesaria también una evaluación del Plan de Estudios en relación con los resultados de aprendizaje en él declarados. Para ello, junto con docentes y estudiantes de las tres sedes donde se dicta la carrera (Santiago, Viña del Mar y Concepción), trabajamos un mecanismo denominado matriz de tributación.

Al tiempo que la carrera y sus académicos realizaron estas actividades, estuvimos también dedicados al desarrollo de los distintos informes, formularios y documentación anexa que tuvimos que preparar para entregar a la agencia acreditadora y al comité de pares evaluadores que nos visitó los días 18 al 21 de agosto.

¿Cuáles son los pasos que vienen ahora, una vez que ya obtuvieron la acreditación?

Sin duda que de la acreditación que logramos emanan dos aspectos que caracterizan la siguiente etapa: por una parte, significa un gran aliciente para seguir trabajando en el fortalecimiento de la carrera, la formación entregada y el aporte al sistema educativo nacional. Se nos ha expresado la satisfacción con la labor que desarrollamos. Adicionalmente, desde este punto de vista, tanto estudiantes como académicos, ven acrecentado su nivel de identificación, compromiso y aprecio por la carrera, dado el importantísimo rol que les cabe en el logro de los objetivos propuestos (y el resultante éxito del proceso evaluativo). El segundo aspecto se relaciona con más y mayores desafíos a partir de una acreditación por 5 años. Claramente, se nos plantea un grado de avance proporcional al período que se nos otorga para trabajar, y que será evaluado en un cuarto proceso, para 2020. La consecuencia de ello, es una ardua labor para asegurar el progreso hacia las acciones y metas comprometidas, que son, en definitiva, compromisos con la comunidad educativa y académica.