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Erika Arenas – Educadora Diferencial

Pese a las dificultades que tuvo que enfrentar en su vida universitaria (la pérdida de su madre, ser madre de tres hijos y al mismo tiempo estudiar), Erika se tituló a principios de este año, y hoy siente que puede experimentar y desarrollar nuevas estrategias para llegar a todos los canales de recepción de información de sus estudiantes, “me siento feliz en el ámbito laboral”.

 

¿Qué cargo ocupas y en qué consiste?

En la actualidad estoy a cargo de un nivel Medio Mayor, mis estudiantes tienen entre 3 y 4 años. Mi trabajo consiste en desarrollar sus habilidades comunicativas. Trabajo en conjunto con la fonoaudióloga de la escuela, con quien elaboramos un plan específico para cada estudiante, dependiendo de sus dificultades. Además, desarrollamos unidades temáticas, siguiendo los requerimientos de las bases curriculares del Ministerio de Educación.

¿Cuáles son los logros que has tenido aquí?

Creo que uno de mis logros es ser reconocida por mi grupo de trabajo como una profesora innovadora, creativa, activa, y capaz de recibir cada comentario como un aporte para seguir aprendiendo.

¿Qué desafíos has tenido en términos profesionales?

Uno de los mayores desafíos para mí fue el primer mes de ingreso a clases de los estudiantes. Lograr ganarte la confianza de los padres es algo muy complicado, calmar a sus hijos cuando lloran, mientras ellos te observan, es un poco angustiante.

¿Cuáles son tus expectativas laborales?

Pienso seguir perfeccionándome, para optar a nuevos cargos dentro del campo laboral. Como decía uno de mis profesores, «el conocimiento es inagotable y siempre está en movimiento».


Al resumir su vida universitaria, Erika afirma que fue “una de las mejores y más enriquecedoras experiencia de mi vida, un sueño hecho realidad”.

En un futuro cercano, espera desempeñarse en algún puesto de trabajo del área de Educación Superior, también acompañar a sus estudiantes hasta el final en su proceso educativo y graduarlos de Kínder sabiendo leer y escribir, pero sin dejar de lado la ilusión de estar algún día al frente de su propia escuela.