El retorno al trabajo después de unas merecidas vacaciones -a lo cual en muchos casos se agrega el retomar actividades académicas- es una experiencia que puede resultar para algunos poco grata e incluso estresante, sobre todo si el período de descanso fue demasiado corto o se vio interrumpido.
Si a ello agregamos que Marzo es un mes en extremo complicado: con exceso de gastos, mayor tráfico en las calles y la obligación de volver a cumplir horarios, entonces el escenario es el propicio para la aparición del estrés post vacaciones. Este cuadro se caracteriza por la incapacidad de adaptarse adecuadamente al día a día y por una escasa productividad.
Aunque es normal que el cambio provoque algunos desajustes por unos días, hay personas que desarrollan síntomas más crónicos y por períodos más prolongados. La persona se puede tornar más deprimida, irritable o incluso experimentar angustia y síntomas físicos.
Lo cierto es que la mayoría de las personas necesitamos una y hasta dos semanas para adaptarnos y desarrollar nuestras actividades profesionales con normalidad. Período durante el cual puede considerarse como “normal” experimentar ciertos desajustes, pues es una etapa de adaptación que pasan todas las personas hasta volver a ser por completo productivas.
Por ello, siempre es recomendable no regresar de las vacaciones reincorporándose al trabajo en forma inmediata y abrupta, sino que lo ideal es dejar al menos dos días para realizar una transición progresiva y realizar los ajustes domésticos que se requieran para partir el año con el pie derecho.
Pero vamos un poco más allá, tampoco tiene por qué resultar una mala noticia la vuelta al trabajo. Podemos transformar el regreso en una experiencia menos aversiva, para lo cual necesitamos cambiar el chip y tomar el inicio del año como algo positivo. Lo podemos lograr pensando, por ejemplo, en los desafíos y las oportunidades que se nos presentarán durante el año, o también que: podremos volver a encontrarnos con nuestros compañeros-amigos. Para ello se necesita que tengas la voluntad de hacer este cambio de enfoque y seguir unos simples, pero útiles consejos.
Planifica, fíjate metas y objetivos para lograr grados de satisfacción en el transcurso del año. No seas modesto, pero tampoco tan autoexigente. La idea es partir con el pie derecho.
Aprovecha la primera semana de trabajo para ordenarte, así no te generarás focos de estrés y aprovecharás un tiempo valioso en el que aún no estamos metidos en la rutina y en el ritmo del día a día. Podemos ¡por fin! retomar esas cosas que fuimos dejando de lado porque si bien eran importantes, no eran tan urgentes.
No intentes partir desde el principio a full. Respeta los horarios de trabajo y no lleves trabajo para la casa. Tampoco trabajes más horas para ponerte al día, ya que eso sólo te provocará más cansancio. Nadie espera que uno llegue al trabajo al 1000%, ni siquiera tu jefe.
Procura organizar actividades entretenidas los fines de semana para compartir con amigos y familiares. Revive tus vacaciones contándoles lo que hiciste y mostrando fotografías, así extenderás las buenas experiencias y seguirás recargando energías, aun cuando tus vacaciones ya hayan terminado.
Aprovecha el buen tiempo que aún podemos disfrutar para invitar a compañeros de trabajo, prospectos o clientes a reuniones o happy hours. Con la actitud positiva y las pilas recargadas. Es un buen momento para hablar del futuro, de oportunidades de trabajo y proyectos en conjunto.
Por último, no está mal recordar una vez más la necesidad de plantearte cambios en las rutinas menos saludables. Es un muy buen momento para ordenarte en los horarios y horas del dormir, proponerte cambiar los hábitos alimenticios poco sanos: tomando un buen desayuno y almuerzo; retomar tu actividad física o deportiva. Recuerda que todo ello afecta directamente no sólo en tu rendimiento físico, sino también en la salud emocional.