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Evitemos accidentes infantiles en el verano

 

Durante el período estival se incrementa el riesgo de accidentes en los niños con un mayor número de caídas (son la causa más frecuente, aunque posiblemente las que representen menos gravedad), ahogamientos, intoxicaciones o quemaduras.

Los accidentes constituyen la primera causa de mortalidad en la edad pediátrica, por eso es recomendable vigilar y estar atento a las actividades del niño, no inducir conductas temerarias pero tampoco miedo, porque también es importante que aprenda a conocer dónde está el peligro sin sobreprotegerle. Durante el verano son muy frecuentes los viajes y desplazamientos en auto. Hay que utilizar los asientos de seguridad en los lactantes y niños pequeños. Los niños mayores se sentarán en los asientos traseros con el cinturón de seguridad colocado.

Para prevenir las intoxicaciones, es necesario un máximo cuidado en la manipulación de los alimentos. Es muy importante lavarse bien las manos, sobre todo cuando se preparan y consumen alimentos crudos. Evitar la ingesta de mayonesa casera y de agua de origen no controlado, por ejemplo, agua de pozos, ríos, etc.

En cuanto a las insolaciones, hay que evitar la exposición directa excesiva al sol y, en el caso de lactantes o niños pequeños, conviene huir de lugares pequeños y cerrados que puedan llegar a alcanzar temperaturas muy elevadas durante el verano; por ejemplo, no deben dejarles en lugares cerrados sin ventilación como en un auto o en las carpas cuando les esté dando el sol ya que pueden sufrir un «golpe de calor» que se produce cuando el organismo se vuelve incapaz de regular su propia temperatura. Puede ser un proceso muy grave.
 

Si el niño presenta una temperatura alta (por encima de 39º C), su piel está enrojecida, caliente y seca (sin sudoración), dolor de cabeza, dolores musculares, vómitos y náuseas; o en situaciones más graves en que el niño está confuso o incluso con pérdida del conocimiento, se debe actuar de inmediato y antes de trasladarlo a un centro hospitalario hay que colocarle en un lugar fresco y sombreado. Enfriar el cuerpo con cualquier método disponible, envolverlo con toallas húmedas, sumergirlo en agua, colocarle esponjas o bolsas con agua fría, etc.
 

Cuando se produce deshidratación por excesiva sudoración y/o pobre ingesta de líquidos, la piel está fría y húmeda, también puede tener fiebre, mareos y trastornos de conciencia. En este caso además de trasladarlo a un ambiente fresco, se le pueden administrar (si el niño está perfectamente consciente) bebidas isotónicas o soluciones de rehidratación oral.
 

Las quemaduras solares, especialmente perjudiciales en las pieles sensibles de los niños, se pueden evitar mediante cremas con un alto grado de protección por encima de 30 (factor de protección solar), que debe aplicarse antes de la exposición solar, cada dos horas, después del baño o de una intensa sudoración. Se debe recordar que las quemaduras se pueden producir incluso a la sombra y, que el agua y la arena reflejan los rayos solares potenciando su efecto sobre la piel.
 

Aunque la piel esté bronceada hay que seguir protegiéndola. Hay que extremar las precauciones entre el mediodía y las cuatro de la tarde. Si a pesar de estos cuidados se produce una quemadura es aconsejable limpiar y secar bien la zona afectada para después aplicar una fina capa de solución antibacteriana, por  ejemplo: povidona yodada o preparados similares. Se debe evitar otro tipo de tratamientos tópicos. Las ampollas deben dejarse intactas, sólo se limpian las abiertas con cuidado. Cuando la intensidad del dolor se mantiene, también se puede administrar un analgésico.
 

Las picaduras se convierten en otro de los grandes problemas que sufren los niños durante el verano. La mejor forma de prevenir estas picaduras es aplicando lociones repelentes de insectos. No conviene su aplicación en la cara, las manos y en las zonas no expuestas. Por la noche son útiles los difusores de insecticidas eléctricos.
Se sugiere evitar ropas brillantes, así como perfumes y agua de colonia penetrantes. Ante una picadura aislada se aconseja tranquilizar al niño, ponerle inmediatamente compresas frías o hielo y administrarle un analgésico suave o antihistamínico.
 

Si se trata de picaduras masivas o en niños alérgicos con reacciones previas importantes en los que suelen aparecer trastornos locales graves, es preciso llevar al niño lo antes posible al centro hospitalario más cercano. Si la lesión la produce una medusa o cualquier animal marino; una vez que se ha extraído la espina o el aguijón, se debe aplicar compresas de amoníaco mezclado con agua y pomadas específicas para rebajar la inflamación como antihistamínicos, corticoides.
 

Debemos evitar que el niño se frote la herida ya que, además de que pueda infectarse, le causará más dolor. Si la lesión se produce por cortes con cristales, latas, etc., es fundamental limpiar la herida con un producto antiséptico, y si no se tiene, basta con aplicar agua y jabón. Una vez limpia, es preciso secarla y protegerla con un vendaje, parche curita, etc.
 

Debemos disfrutar el verano y estos consejos pueden ayudarnos a que realmente sea así.

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